jueves, 20 de octubre de 2011

EMANUEL DONATI




QUIEN ESTÉ LIBRE DE PECADO QUE LANCE LA PRIMERA LETRA.

La máxima de Cristo puede aplicarse al hecho de hacer poesía, pues considero firmemente que la escritura es un acto intrínseco al ser en tanto humano. Pero la poesía, es sólo un hecho estético que da forma a la subjetividad, la modela bellamente para que nuestros pares puedan disfrutarla, en menor o en mayor medida.

Puede considerarse que el acto de escribir implica al sujeto en una posición activa respecto su cosmogonía, lo pone frente a ella, la despliega, la interroga, la ficciona y le da lustre con la gran cantidad de adjetivos calificativos. El sujeto que escribe es un ser que violenta contra su imaginario, es decir, pensemos pues que nuestra vida es una ventana que nos muestra lo real sólo en partes, sólo acorde a nuestra cultura. La ventana de un argentino nacido en el siglo XIX, en un barrio de clase media y familia católica tendrá una vista del mundo diferente a la que puede conocer un musulmán nacido en España en la misma época, tal es así que la forma de escribir de ambos será distinta, acorde al imaginario de cada uno.

Pero con el imaginario sólo no hacemos mucho, aparece en juego ahora otro componente propio del psicoanálisis, el simbólico. Este le da al sujeto la posibilidad de insertarse en una cultura que le precede, lo llena de signos, pensamientos, y lo organiza legalmente en una sociedad determinada. De más está decir que tanto imaginario, como simbólico, como real (realidad en tanto naturaleza muerta) van anudados y se necesitan mutuamente. Este nudo constituye la singularidad que se refleja en todo acto de los sujetos, tanto en la cotidianeidad, como en lo irracional, como en el deporte, como en el arte. Para terminar de aclarar los conceptos de real, imaginario y simbólico quiero ejemplificar de la siguiente manera.

El tiempo real: Tiempo muerto, concepto filosófico. Es el tiempo en tanto tiempo, y como tal inalcanzable.

Tiempo simbólico: Es la creación de símbolos que fraccionan al tiempo real de manera tal que lo hacen funcional a los seres humanos, por ejemplo hora, minutos, segundos, calendarios.

Tiempo imaginario: Está supeditado a la representación que tenga determinado sujeto de un suceso de la realidad. Por ejemplo, un viaje en subte que dura cinco minutos (simbólico) puede ser muy rápido para una persona y ser el viaje más largo de la vida de otro individuo.

Ahora bien, en el acto de escribir vemos a las claras un despliegue del nudo. Utilizamos letras que se acomodan de determinada manera (simbólico) para expresar la representación (imaginario) de algo que es inexpresable (real). Tal es así que el acto de escribir trasciende al hecho fáctico de unir letras, pues la escritura es una operación sobre lo real. Cualquier manifestación creativa humana puede leerse como una escritura sobre lo real, la música, el cine, la literatura, la pintura, el sexo, pueden ser considerados modos de hacerle una marca a lo real, son el producto de una incesante búsqueda de acotarlo y darle forma, la cual está posibilitada por la ayuda de los otros registros, imaginarios y simbólicos.

Pero ¿porque la poesía? Considero que el discurso poético existe dada la estructura singular que lo forma, es decir, elementos que se aúnan de determinada manera y con cierta lógica hacen al poema como tal. La poesía existe como condición del lenguaje y es allí donde cada sujeto se encuentra en aquel pecado original de pertenecer a una estructura lingüística, y como tal apto a hacer poesía. El lenguaje poético es un claro despliegue del nudo antes descripto, pues tiende a cifrarse, a la utilización de metáforas, incluso al encriptamiento de las palabras que intentan dar forma a lo real. En la poesía las palabras exceden la combinación y adquisición de formas de su identidad, sino que además perpetuan al lenguaje en su calidad de definir lo indefinible.